MERCADO CENTRAL Nº12

Tutankamón y la Antigua Roma,
protagonistas en ´Gastroarqueología`

El Mercado Central se ha animado este fin de año con la actividad denominada ´Gastroarqueología` que se ha desarrollado en forma de talleres gastronómicos (a mediodía y por la noche) teniendo como argumentos centrales ´Los sabores de la Antigua Roma` y ´El descubrimiento de la tumba de Tutankamón`.
En los dos casos hemos acompañado a la arqueóloga e historiadora Ana María Royo, y a la educadora Alicia Escanilla, artífices de este proyecto a través de la Asociación Cultural Ideo. En sendas actividades han participado alrededor de 30 personas.

Viaje a Roma
En la incursión gastronómica en el Imperio Romano el objetivo principal era preparar una de sus recetas más conocidas: moretum. Ana María y Alicia, transformadas en Flavia y Ania, quedaron con el grupo en la zona de hostelería del Mercado Central para, inmediatamente, comprar los ingredientes que iban a utilizar para prepararlo: queso, especias, verduras, aceite, olivas, pan…
Con la cesta de la compra hecha, el grupo viajó a los sótanos del Mercado Central donde se dispuso a seguir todos los pasos para elaborar el moretum. En cualquier caso, no fue esta la única receta que probó el público, ya que la experiencia también dio de sí para probar altramuces lavados con agua y sal, y aliñados con aceite y eneldo. Los participantes también probaron garbanzos con comino, cilantro, aceite y sal. También se dio a degustar un paté de olivas casero.
Pero el gran protagonista de la jornada matinal fue el moretum, así que para el que desee prepararlo en casa, ahí va la receta.

Moretum romano
Ingredientes:
– Queso más bien seco, 2 o 3 dientes de ajo, sal gruesa, hojas verdes de apio, hojas de rúcula, granos de cilantro molido, aceite de oliva, vinagre y especias al gusto.

Preparación:
– Machacar en un mortero los dientes de ajo remojados con unos granos de sal gruesa, hojas de apio, un poco de rúcula y cilantro.
– Se mezcla todo con unos trocitos de queso, trabajándolo poco a poco, de manera circular, mientras se va añadiendo el aceite de oliva, y cuando ya está ligado todo, se pone un poco de vinagre para rectificar y blanquear.
– Se van incorporando diferentes especias al gusto. Debe quedar una salsa de consistencia densa para untar el pan.

Tutankamón
Por otra parte, la periodista de Heraldo de Aragón, Camino Ivars, vivió la experiencia del taller del ´Centenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamón` y así lo contó en este periódico:
“Fue el 4 de noviembre de 1922 cuando Howard Carter, arqueólogo y egiptólogo inglés que descubrió el primero de los peldaños de una de las reliquias mejor conservadas del Antiguo Egipto. Una tumba que llevaba cerrada a cal y canto 3.325 años. Algo inusitado en aquel momento”, recuerda Ana María, ataviada con un traje de mujer de alta alcurnia de la época, peluca incluida.
En su caso, porta una túnica de lino -solían usarse telas muy livianas para hacer frente a las altas temperaturas- a la que se une una capa, denominada kalastris, y un sash, o fajín. “La verdad es que muy cómodo no era”, reconoce, mientras se mueve por la sala.
En cuanto al objetivo de esta actividad, este no es otro que realizar un viaje al Antiguo Egipto a través de los cinco sentidos. “Queremos desmontar algunos mitos que se han instalado en nuestra cultura por culpa de Hollywood y los medios de comunicación, y acercar esta interesante cultura a los vecinos de la capital aragonesa”, reivindica la zaragozana que trabajó durante cuatro años en el Museo Egipcio de Barcelona. Para disfrutar de este viaje – de algo más de dos horas de duración- por la vida faraónica y aquella de a pie de calle, hicieron uso de la recreación de sus indumentarias, música y danza, cosmética, perfumería y, por supuesto, de sus alimentos.
De la mano de ocho platos, los asistentes degustaron algunos de los alimentos más consumidos en la época, como lentejas, lechuga, huevos, codorniz, cebolla o cerveza. “Gracias a las investigaciones e iconografías de las tumbas, hemos podido reproducir recetas, rituales e incluso una serie de danzas”, afirma. Dentro del menú, los asistentes pudieron degustar una ensalada de lentejas, tahina -una pasta de sésamo- o una tosta dulce de dátiles: “Se sabe que el pez Mújol era muy consumido, también incluido en el menú, como las legumbres, que eran muy apreciadas en la época junto con las especias”.
En cuanto a las prácticas en materia de cosmética, sorprende que la mayoría de los materiales utilizados eran tóxicos: “Usaban plomo, amapola, antimonio o cerusita”. ¿Otro dato curioso? Cuando perdían a un ser -o animal- queridos, se depilaban. “Si era un gato, se quitaban las cejas. Un perro conllevaba depilarse todo el cuerpo”, señala. Los asistentes también tuvieron la oportunidad de oler algunos perfumes de moda en la época, a base de almendra, cáñamo o uno de los más famosos: la flor de loto azul.
Otro de los momentos estrella lo protagoniza la bailarina Silvana Solías, encargada de interpretar una sesión de ‘Arqueodanza’, reproduciendo una serie de pasos de baile que la joven ha sacado de imágenes, textos y músicas de la época”.

Tutankamón y la Antigua Roma,
protagonistas en ´Gastroarqueología`

El Mercado Central se ha animado este fin de año con la actividad denominada ´Gastroarqueología` que se ha desarrollado en forma de talleres gastronómicos (a mediodía y por la noche) teniendo como argumentos centrales ´Los sabores de la Antigua Roma` y ´El descubrimiento de la tumba de Tutankamón`.
En los dos casos hemos acompañado a la arqueóloga e historiadora Ana María Royo, y a la educadora Alicia Escanilla, artífices de este proyecto a través de la Asociación Cultural Ideo. En sendas actividades han participado alrededor de 30 personas.

Viaje a Roma
En la incursión gastronómica en el Imperio Romano el objetivo principal era preparar una de sus recetas más conocidas: moretum. Ana María y Alicia, transformadas en Flavia y Ania, quedaron con el grupo en la zona de hostelería del Mercado Central para, inmediatamente, comprar los ingredientes que iban a utilizar para prepararlo: queso, especias, verduras, aceite, olivas, pan…
Con la cesta de la compra hecha, el grupo viajó a los sótanos del Mercado Central donde se dispuso a seguir todos los pasos para elaborar el moretum. En cualquier caso, no fue esta la única receta que probó el público, ya que la experiencia también dio de sí para probar altramuces lavados con agua y sal, y aliñados con aceite y eneldo. Los participantes también probaron garbanzos con comino, cilantro, aceite y sal. También se dio a degustar un paté de olivas casero.
Pero el gran protagonista de la jornada matinal fue el moretum, así que para el que desee prepararlo en casa, ahí va la receta.

Moretum romano
Ingredientes:
– Queso más bien seco, 2 o 3 dientes de ajo, sal gruesa, hojas verdes de apio, hojas de rúcula, granos de cilantro molido, aceite de oliva, vinagre y especias al gusto.

Preparación:
– Machacar en un mortero los dientes de ajo remojados con unos granos de sal gruesa, hojas de apio, un poco de rúcula y cilantro.
– Se mezcla todo con unos trocitos de queso, trabajándolo poco a poco, de manera circular, mientras se va añadiendo el aceite de oliva, y cuando ya está ligado todo, se pone un poco de vinagre para rectificar y blanquear.
– Se van incorporando diferentes especias al gusto. Debe quedar una salsa de consistencia densa para untar el pan.

Tutankamón
Por otra parte, la periodista de Heraldo de Aragón, Camino Ivars, vivió la experiencia del taller del ´Centenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamón` y así lo contó en este periódico:
“Fue el 4 de noviembre de 1922 cuando Howard Carter, arqueólogo y egiptólogo inglés que descubrió el primero de los peldaños de una de las reliquias mejor conservadas del Antiguo Egipto. Una tumba que llevaba cerrada a cal y canto 3.325 años. Algo inusitado en aquel momento”, recuerda Ana María, ataviada con un traje de mujer de alta alcurnia de la época, peluca incluida.
En su caso, porta una túnica de lino -solían usarse telas muy livianas para hacer frente a las altas temperaturas- a la que se une una capa, denominada kalastris, y un sash, o fajín. “La verdad es que muy cómodo no era”, reconoce, mientras se mueve por la sala.
En cuanto al objetivo de esta actividad, este no es otro que realizar un viaje al Antiguo Egipto a través de los cinco sentidos. “Queremos desmontar algunos mitos que se han instalado en nuestra cultura por culpa de Hollywood y los medios de comunicación, y acercar esta interesante cultura a los vecinos de la capital aragonesa”, reivindica la zaragozana que trabajó durante cuatro años en el Museo Egipcio de Barcelona. Para disfrutar de este viaje – de algo más de dos horas de duración- por la vida faraónica y aquella de a pie de calle, hicieron uso de la recreación de sus indumentarias, música y danza, cosmética, perfumería y, por supuesto, de sus alimentos.
De la mano de ocho platos, los asistentes degustaron algunos de los alimentos más consumidos en la época, como lentejas, lechuga, huevos, codorniz, cebolla o cerveza. “Gracias a las investigaciones e iconografías de las tumbas, hemos podido reproducir recetas, rituales e incluso una serie de danzas”, afirma. Dentro del menú, los asistentes pudieron degustar una ensalada de lentejas, tahina -una pasta de sésamo- o una tosta dulce de dátiles: “Se sabe que el pez Mújol era muy consumido, también incluido en el menú, como las legumbres, que eran muy apreciadas en la época junto con las especias”.
En cuanto a las prácticas en materia de cosmética, sorprende que la mayoría de los materiales utilizados eran tóxicos: “Usaban plomo, amapola, antimonio o cerusita”. ¿Otro dato curioso? Cuando perdían a un ser -o animal- queridos, se depilaban. “Si era un gato, se quitaban las cejas. Un perro conllevaba depilarse todo el cuerpo”, señala. Los asistentes también tuvieron la oportunidad de oler algunos perfumes de moda en la época, a base de almendra, cáñamo o uno de los más famosos: la flor de loto azul.
Otro de los momentos estrella lo protagoniza la bailarina Silvana Solías, encargada de interpretar una sesión de ‘Arqueodanza’, reproduciendo una serie de pasos de baile que la joven ha sacado de imágenes, textos y músicas de la época”.